HAY QUE HACER PATRIA: NO MANDES A TU HIJO AL CUARTEL

Desde la Red Antimilitarista de America Latina y el Caribe-RAMALC Nos solidarizamos con las familias que hoy lloran a sus hijos en el cuartel militar de Viacha en La Paz – Bolivia, tras dos explosiones hay 9 jovenes fallecidos que realizaban el cuartel obligatorio (de 17 a 19 años), mas de 80 heridos y desaparecidos.


Del muro de @Quya Reyna
En Bolivia, hacer el servicio militar puede convertirse en una sentencia de muerte. Las cifras y las denuncias acumuladas en los últimos años muestran una violencia y negligencia que las Fuerzas Armadas no han logrado erradicar.


Una investigación de Opinión y CONNECTAS llamado “Cuarteles de la muerte: el lado oscuro del servicio militar en Bolivia” identificó 62 muertes de conscriptos entre el 2011 y 2023. Las causas son variadas, pero la mayoría parten del famoso “jaripeo”, una actividad donde superiores maltratan, humillan y hasta torturan a soldados de bajo rango. Y si no es el jaripeo, es la negligencia de los superiores por no intervenir en situaciones donde corre riesgo la vida de los soldados.


Beymar Quispe Montenegro, Mauricio Apaza Guarani, Óscar Márquez Jiménez, Edwin Veizaga Peredo, Axel Ariel Villacaisa Menacho, Reynaldo Javier Charca y Jorge Poma Coria son solo algunos de los fallecidos en los últimos años. Las circunstancias de sus muertes son distintas: en unos casos hubo denuncias de golpes y castigos físicos; en otros, lesiones internas, fallas multiorgánicas, asfixia o muertes cuyas circunstancias continúan siendo cuestionadas por las familias. Ninguna de estas víctimas obtuvo justicia.


¿Qué tiene que ver esto con la explosión en el cuartel Bolívar de Viacha?
Hay muchas hipótesis al respecto de las dos explosiones, pero todas llegan a la conclusión de que hubo negligencia de la institución militar.
Una hipótesis apunta a la presencia y posible mala manipulación de material explosivo y pirotécnico, entre ellos granadas, boosters (que son multiplicadores explosivos) y pólvora negra. El Ministerio de Defensa informó que en el lugar se encontraron estos materiales y que los peritajes deberán determinar qué papel tuvieron en las detonaciones. Esta es una de las hipótesis que circulan entre la población y especialistas consultados.


Otra hipótesis surge de los propios documentos encontrados por el Ejército. Existen registros de 2020 de material pirotécnico que había sido recibido en el cuartel para su DESTRUCCIÓN. Sin embargo, todavía no está claro cuánto de ese material fue efectivamente destruido, trasladado, devuelto o dado de baja y cuánto permanecía en el cuartel al momento de las explosiones.
Una tercera hipótesis, y que tiene relación con la segunda, fue planteada por el medio Sol de Pando, que sostiene que el Regimiento Bolívar funcionaba como depósito de pirotecnia decomisada por la Aduana y de material bélico desechado que no habría sido destruido en los plazos correspondientes. El medio atribuye esta versión a expertos militares consultados y responsabiliza especialmente a gestiones anteriores del Ministerio de Defensa (gobiernos del MAS).


Como se mencionaba anteriormente, la confirmación de cualquiera de estas hipótesis obligaría a investigar la negligencia de una institución que no habría cumplido con su responsabilidad de precautelar la seguridad de sus soldados ni de la comunidad que la rodea.
Las viviendas de los vecinos se encuentran a pocos metros del recinto militar. No estamos hablando de una explosión cualquiera, sino de un hecho que pudo haber sido prevenido mediante una adecuada fiscalización, protocolos de seguridad y una gestión responsable del material explosivo. Aquí está en juego, además, la propia seguridad del Estado. No es un accidente, es negligencia, una negligencia grave que pudo acabar en una catástrofe mayor.


Además, fueron dos explosiones en el municipio, el segundo fue de mucho mayor impacto. Según el reporte municipal, la onda expansiva se sintió hasta un kilómetro a la redonda. ¿Cuánto tiempo hubo entre la primera y la segunda explosión? Según ANF, hubo 20 minutos, desde las 14:30 que sucedió la primera explosión. No es mucho tiempo, pero sí suficiente para alertar a autoridades e instalar algún protocolo de emergencia y de evacuación de soldados, mínimamente. Este video muestra, cómo civiles ingresan al área afectada e incluso manipulan restos de la primera explosión. No hay ningún soldado que impide que ingresen, pero, además, la gente no sabe qué pasa realmente y se amontona alrededor de la institución militar. (https://www.facebook.com/share/v/1bpABzaunj/)
¿Qué hicieron las autoridades durante esos aproximadamente 20 minutos entre una primera explosión y una segunda mucho más potente?


¿Por qué la primera información oficial describió el incidente como una detonación de material pirotécnico, mientras posteriormente se informó de la existencia de material bélico?
Además que el mismo informe oficial negó la existencia de heridos al inicio. No sólo intentaron minimizar el hecho, sino que hasta el día de hoy hay padres de familia esperando los cuerpos de sus hijos, pero las autoridades no calman ni siquiera su angustia. Han dejado abandonados restos de los fallecidos en morgues y las familias han tenido que deambular por hospitales y morgues para encontrar a sus hijos.


No, señor alcalde de Viacha, no le permito que diga “no hay que buscar culpables”, no se lo permito. Por respeto a las familias afectadas, por respeto a su dolor y a su impotencia, usted tiene la obligación de exigir responsables y pedir justicia.

Dragoneante Jhon Tancara Mita.
Dragoneante Gabriel Choque Alanoca.
Soldado Wilson Copa Mamani.
Soldado Wilder Oliver Aruquipa Aruquipa.
Soldado Arnel Rubén Flores Poma.
Soldado Brayan Pacheco Monrroy.
Son los soldados que se suman a los 62 fallecidos por el ejército boliviano. Casi 70 soldados muertos. Todos ellos jóvenes, algunos ni quiera llegaron a los 20 años. Casi todos: hijos de campesinos, hijos de trabajadores y comerciantes.


No fueron a la guerra.
No los mató el “enemigo”.
No les dispararon en batalla.
Los mataron sus propios compatriotas.
Los mataron bolivianos.
No hay honor en un ejército que mata a sus propios soldados.